si de todas fromas qien sea esta interesado en saber del resto de la historia que me lo diga.
Un Bso.
***
-Según anocheció mis padres hablaron conmigo. Me dijeron que les preocupaba mi seguridad. Mi tia vive en Elz-quarth. Mis padres no tienen dinero suficiente para mudarse a otra ciudad pero mi tia tiene una habitación de sobra en la ciudad y como yo ya tengo 13 años, puedo independizarme. Además ya solo quedabas tu en todo el pueblo con 12 años, asi que vendría a por ti..y bueno, ya he perdido bastante en menos de medio año.
- asi que ¿nos vamos?
-No es por hurgar en la llaga, pero Sel, no tenemos a donde ir sino.
Titubeé.
- ya esta muerto ¿no? No tenemos que huir más.- Pero ella asintió. Aun no era capaz de asimilar todo lo que había vivido en unos pocos meses.
Nos sentamos en el suelo embarrado y lloramos, por el miedo, la incertidumbre y, en parte, por el alivio momentáneo de vernos libres de aquel psicopata.
Busqué entre lágrimas las respuestas que yo no era capaz de encontrar en el rostro de Amanda, pero solo vi a mi amiga difuminada.
El camino a Elz-quarth fue duro, pero no era especialmente largo y sobrevivimos con los ahorros que los padres de Amanda le habían dado.
Capitulo 4
James
La tía de Amanda era una mujer estirada y sobria, de pelo negro azabache, nariz aguileña y ojos hundidos. Comparada con su sobrina de carácter afable la tia de Amanda, era un troll malhumorado.
Como troll malhumorada que era, la cocina tampoco era uno de sus fuertes. Sus platos sempre estaban excesivamente sosos y sus sopas sabian a agua estancada.
Como tia de Amanda, se molestaba al menos en tratarla de forma decente; conmigo era una tirana.
Un día, hará unos seis meses, me mandó ir a por Kuayats, esa fruta parecida a un melón enorme y morado.
- Ya que estas aquí por toda la cara, harías bien en colaborar en las tareas domesticas.- me dijo.
Cogí un par en el tenderete y estaba inciando mi regreso a la cas cuanto choqué con alguien. Con los kuayats tapandome la cara no habíha visto a aquel transeunte y me había chocado contra él de manera estrepitosa.
Maldecí entre dientes. Uno de los dos, salió rodando y se estrelló contra una farola.
De un resoplido me aparte el pelo de la cara.
Me volví violentamente hacía el tipo con el que me había chocado.
- Vamos a ver ¿a caso no tienes ojos en la cara?
Tuve que disimular la sorpresa como pude. El chico al que le hablaba tendría unos diecisiete años, uno mas que yo.
Tenía el pelo rubio oscuro y la piel curtida por el sol. Unos ojos avellanas me miraban con descaro.
- Deberías tratar con más amabilidad a la gente, además…-me miró, como quien calibra el precio de una pieza de caza.- Tu tendrás unos…16 años ¿me equivoco? Dentro de un año estaras en edad casadera. -Se ensimismo unos instantes. - A los hombres nos gusta un poco de más delicadeza ¿sabes?
- ¿disculpa?- dije, evidentemente cabreada.
- perdonada.- dijo, y sonrió con autosuficiente
- aaaah, no, ¡no me vayas a salir con esas!- Le vociferé en medio de la calle, tendida en el suelo- Tendrías que disculparte tu.
-¿yo? Yo no soy quien iba como una loca con un bolsa de kuayats por la calle.
-¿Loca?- Aquel chico se estaba pasando.- Podrías haber tenido cuidado, ¡yo era la que no veía nada!
- ¿ y si es que quería chocarme contigo?
Tardé en pillarlo, y para cuando lo pillé, me alegré de no ser de esas se sonrojan.
Entonces vi de lejos a la tia de Amelia con una cara furibunda.
Me despedí dicendo:
- Yo eeh…me marcho.-dandome cuenta de que sonaba torpe añadi un- y para la proxima, a las chicas nos gusta un poco más de cortesía ¿sabes?
Y me marché usando toda mi fuerza de voluntad para no volver la cabeza y mirarle una vez.
Seamos sinceros, aquel chico me había llamado la atención.
***
Llegada a aquella vieja casa destartalada donde vivía con mi mejor amiga y la vieja bruja aquella, me cayó el broncón del siglo. Quizá no fuera tan gordo como lo recuerdo, pero el tiempo tiene sus jugarretas y la memoria se acuerda solo de lo que le interesa (o de lo que no tiene más remedio). A lo largo de seis meses, y de todas aquellas veces que evoqué esa discusión, ciertos detalles (en especial el tono de su voz) fueron variando levemente. Asi pues, lamento decir, que seguramente lo que recuerdo poco guarda ya de parecido con la realidad.
Sin embargo, sé muy bien cual fue el tema principal a discutir.
La tia de Amanda me acusó de desperdiciar su dinero, de vaga y de ligerita (de muy ligerita) de cascos. Por supuesto, no me quedé callada ante tales acusaciones.
Más o menos el final acabó así:
- Llevas dos años y medio bajo mi techo, sin pagar alquiler alguno y sin mostrar todo el agradecimiento que me debes. Como amiga de Amanda, y debido a las penurias que habías sufrido te acogí en mi casa.- recuerdo con claridad que elegió la palabra “acogí” y que a mi me sonó vacía y falsa. Era un eufemismo que no tenía mucho que ver con como me había tratado durante aquellos años.
Y, de hecho, creo haberle dicho algo así a la cara. Y debió de ser esa la razón por la que me echó de su casa. El caso es que de repente me vi de patitas en la calle.
Amanda se enfrentó a su tía, con su actitud calmada de siempre, y se negó a quedarse más tiempo si yo no estaba.
- ¿sabes? Me alegro de que seamos amigas.- le dije, sentada en un escalon de un soportal cualquiera, en medio de la calle más transitada de Elz-quarth.
- No le cojas el lado equivocado, pero teniendo en cuenta que cada vez que me agradeces algo es porque nos ha ocurrido alguna desgracia, preferiria que tuvieras más motivos para ser una ingrata.
- Si, tal vez.- contesté pensativa.- de todas formas me alegro.
- Yo también.- suspiró ella.- pero seguimos solas en una gran ciudad, sin dinero y sin meta alguna y - añadió- me niego a prostituirme.
- Si, yo tampoco iba a pedírtelo.- dije mirando recelosa alrededor. Hay muchos depravados intentando aprovecharse de situaciones como las que Amanda y yo vivíamos entonces.- tenemos que tener cuidado. La vida esta llena de gente mala y hay que desconfiar.
Los gritos interrumpieron la conversación.
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